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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hilo rojo

Los olvidamos.

Mojamos la cama de sudor y saliva,
de besos perdidos que recogieron las caricias.
Tus labios sobre mi piel, tus dientes sobre la tuya,
tus dedos, mis dedos, nuestras uñas.
Y saboreo despacio
tu timidez desnuda.
Calma de tormenta.
Para que cuando todo estalle
solo conozca tus ojos de gata
y tus labios de menta
que a mí, sin quererlo,
me saben a derrota, a miedo y a plata.
Fría, misteriosa...
pero que adopta mi calor
y se envuelve hacia mí, conmigo, melosa,
haciendo que la derrota sea vida,
demencia de este dolor.

Y pienso...
que tal vez entonces
deba encontrarte más allá de las palabras,
los silencios y las trabas
que fingimos inventar.
Así que ves, olvidémoslos,
formemos un pasado
y mojemos nuestras camas
de besos, de caricias,
del elixir de nuestras almas,
destilando despacio, con calma,
gota a gota, la tuya, la mía,
perdida la identidad y el sentido,
unidas por las parcas en un solo hilo.
Rojo.



Pero se ha deshilachado
y no sé cómo arreglarlo...
Y me ahogo otra vez en el miedo
en la maldición
de quererte
de no tenerte
de no querer olvidarte
de no poder acercarme a ti.

De quererte mía y saber que nunca será así.

miércoles, 16 de enero de 2008

Un beso de alcohol

Estuve bebiendo. Bebiendo hasta no sentir el frío que hacía en lacalle. Bebiendo hasta sumirme en la semiinconsciencia del alcohol. Bebiendo hasta que mi mente dijo basta. Y la botella volvía a mis manos una y otra vez. Otro trago. Y otro.

Estuve bebiendo hasta que perdí a la gente, hasta que me perdí. Hasta que perdí el equilibrio y lo busqué en cualquier brazo.

-No me sueltes. Haz lo que quieras, pero no me sueltes.

¿Y qué, si me cogió de la cintura? ¿Y qué, si me contó mil batallitas al oído, cerca, muy cerca? Yo solo quería mantenerme en pie...

-Aquí estás. ¿Quién es este chico?
-Nadie.

Dicen que parecía desilusionado porque me fui. Yo solo buscaba un punto de apoyo... ¿qué buscaba él?

Me despejo y empiezo a razonar. Empiezo a odiar el mundo. Me empiezo a odiar.

-Vamos a ese bar.

Bajamos la calle llena de gente. Demasiada gente en ambas direcciones. Un chico en dirección contraria me frena sujetándome de la cintura y pegando sus labios en los míos. Me besa. Le beso. Sabe a alcohol y derrota como yo. Seguimos adelante. Él en una dirección y yo en otra. Sin volvernos. Sin mirarnos. Olvidadas ya nuestras caras. Para no vernos nunca más, para olvidarnos, para creernos una fantasía fruto del alcohol.

¿Eras real? Lo dudo. Esa noche yo tampoco era real.

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(Lj 17 mar 07)