Un beso de alcohol
Estuve bebiendo. Bebiendo hasta no sentir el frío que hacía en lacalle. Bebiendo hasta sumirme en la semiinconsciencia del alcohol. Bebiendo hasta que mi mente dijo basta. Y la botella volvía a mis manos una y otra vez. Otro trago. Y otro.
Estuve bebiendo hasta que perdí a la gente, hasta que me perdí. Hasta que perdí el equilibrio y lo busqué en cualquier brazo.
-No me sueltes. Haz lo que quieras, pero no me sueltes.
¿Y qué, si me cogió de la cintura? ¿Y qué, si me contó mil batallitas al oído, cerca, muy cerca? Yo solo quería mantenerme en pie...
-Aquí estás. ¿Quién es este chico?
-Nadie.
Dicen que parecía desilusionado porque me fui. Yo solo buscaba un punto de apoyo... ¿qué buscaba él?
Me despejo y empiezo a razonar. Empiezo a odiar el mundo. Me empiezo a odiar.
-Vamos a ese bar.
Bajamos la calle llena de gente. Demasiada gente en ambas direcciones. Un chico en dirección contraria me frena sujetándome de la cintura y pegando sus labios en los míos. Me besa. Le beso. Sabe a alcohol y derrota como yo. Seguimos adelante. Él en una dirección y yo en otra. Sin volvernos. Sin mirarnos. Olvidadas ya nuestras caras. Para no vernos nunca más, para olvidarnos, para creernos una fantasía fruto del alcohol.
¿Eras real? Lo dudo. Esa noche yo tampoco era real.
-----
(Lj 17 mar 07)