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sábado, 16 de julio de 2011

Dolor.

Me dueles. Me dueles, te digo, y me lo repito para creérmelo pero no es verdad. Y sé que no es verdad. Es más fácil culparte a ti, pero es esta maldita hiel que me recorre por dentro. Es esta furia autodestructiva que vuelve a mí. Me dueles. Me dueles. Me dueles.

Me meto en la cama y me deslizo entre las sábanas, cubriéndome completamente. Dejo que las manos me recorran, busco tus caricias, el susurro de tus besos, dejo que las manos me recorran pero abro los ojos y no estás. Sigo sola y ni siquiera vale la pena continuar. Cierro los ojos, tomo aire, me agarro a las sábanas y quiero llorar. Tengo un nudo en la garganta y algo sordo, oscuro y desesperado duerme en mi pecho.
Me dueles. Me dueles. Me dueles.
Y entonces decido volver a empezar. Y llevo una mano entre mis piernas, sin caricias amables ni manos suaves. Y la otra se aferra a mi cuello con fuerza. Dolor. Dolor. Dolor. No estás y no debes estar y hoy solo quiero una alta dosis de autodestrucción controlada.
Acelero el ritmo, aprieto con fuerza, y noto la sangre agolpada en mis venas, clamando por su libertad perdida. Acelero el ritmo y contengo el más leve jadeo, retengo el menor soplo de aliento, de modo desesperado.
Y así, con el alma devastada, se para el tiempo, se para en ese momento, entre el dolor y el placer, en el que mi cuerpo se arquea y mi mano se aleja de mi garganta con voluntad propia. El tiempo se para y yo, aún conteniendo el aliento, me paro con él. Por completo. Cancelando esta descarga eléctrica y atesorando el dolor de su pérdida, con la mano dolorida, sujetándose a mí. No eres tú. Soy yo quien siempre consigue destrozarme. Soy yo quien rompe todo en pedazos.
Mi cuerpo se rebela y aparta las sábanas, jadeando, tosiendo en busca del oxígeno robado. Ahogada. Dolida. Hecha añicos.
Solo así encuentro paz suficiente para cerrar los ojos y decidirme a dormir.

domingo, 27 de abril de 2008

Una fotografía de lágrimas

Me pides una fotografía que sabes que nunca vas a tener.
Me pides, me ruegas, me hablas y me susurras, pidiendomela.
Me pides una fotografía que sabes que nunca te dejaré hacer, que nunca te daré. Pero aún así me la pides, ahora y de nuevo.

Y me haces hablar.
Y me vas tirando de la lengua.
Y me haces pensar, me haces imaginar, me haces pensar cosas de las que se que me arrepentiré.

Me habas de caricias. Me hablas de dulzura compartida. Y me dices que lo nuestro podría haber sido muy dulce. Tan dulce.
Me hablas con palabras mojadas en miel. Con palabras perversas camufladas de azúcar.
Haces que piense en lo que fue y que sueñe con lo que nunca ha sido. Haces que imagine un quizá, y en mi mente peco enredada en tus palabras.

Y me hablas de besos. Y me hablas del futuro.
Y se que tienes razón. Se que en el futuro me sentare y me preguntare ¿que hubiera pasado...?
Pero es tan dificil. Es tan dificil dejar que pase...

Me hablas de determinacion que no tengo. Me hablas de valor del que carezco. Me hablas de intentar, de probar, de soñar. Me hablas de dejarme llevar...

Y me haces llorar. Me haces llorar pq te deseo de una forma inconcebible. Porque te deseo quizá más de lo que tu a mi... porque deseo acariciarte y ser yo quien te bese. Porque deseo tenerte pero sé que nunca te tendré. Y nunca serás mío únicamente porque yo no lo quiero así. Porque esto está mal. Porque nunca podrá ser....

Renuncio.
Y con esto, sé que renuncio más que a un polvo, querido mío. Con esto renuncio a tu amistad, a tus palabras, a tus miradas.

Y lloro, caliente y dolida, porque ahora sé, porque ahora estoy completamente segura, de que tú nunca tendrás tu fotografía y yo nunca te volveré a ver.